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El Gusto De Ser Charro
El Piteado || El Bordado || El Jorongo y El Sarape

EL JORONGO Y EL SARAPE

Según definición del Diccionario y Refranero Charro obra de los señores Leovigildo Islas Escárcega y Rodolfo García Bravo y Olivera la palabra Zarape o Sarape proviene del náhuatl tzalan-pepechtli, donde tzalan quiere decir entretejido y pepechtli es una manta gruesa y acolchonada.

El Sarape y el Jorongo son como hermanos entre sí y resultan indispensables para el hombre de campo y más aún para el charro pues tienen diversos usos. El sarape es un cobertor que mide aproximadamente 2 metros de largo por un metro cuarenta de ancho (más o menos) y lleva en sus extremos unos flecos que sirven de adorno. El sarape es cerrado en su totalidad, mientras que se le llama jorongo al mismo sarape pero que lleva una abertura llamada bocamanga de aproximadamente 30 centímetros o un poco más en el centro y que sirve para pasar por ahí la cabeza y quedar así uno cubierto completamente. Ya lo dice el dicho charro:

'Cualquier sarape es jorongo, abriéndole bocamanga'

Sarapes y jorongos Se fabrican en varias partes de México y han adquirido buena fama por su calidad los hechos en la ciudad de Saltillo en el Estado de Coahuila, los de Santa Ana Chiautempan en el Estado de Tlaxcala y los de Teotitlán del Valle en mi querido Estado de Oaxaca, así como en muchos otros lugares. De sobra está decir que yo uso los sarapes hechos en Teotitlán pues además de ser de excelente lana, gruesa, fuerte y muy resistente, están teñidos con el hermoso, inigualable y eterno color rojo carmín que da la grana cochinilla, insecto que fue todo un tesoro mexicano y oaxaqueño, que dio renombre y riqueza a mi país en siglos pasados y que aún se conserva.

Los textiles más empleados para su elaboración son la lana o el algodón. Los mejores desde el punto de vista charro y a no dudarlo son los hechos de lana pues duran más. Algunos sarapes como el denominado de Saltillo que tiene vivos y variados colores no resultan lo más apropiado para charrear y se ven mejor en alguna montura ornamental o en algún bailable típico. Por el contrario, lo más propio para charrear o para andar por el campo son los colores serios en combinaciones sencillas como rojo con negro, blanco con negro o simplemente el color crudo o natural de la lana haciendo contraste con otro color, sin descartar muchas otras combinaciones que también quedan muy bien y que nuestros artesanos tejen a las mil maravillas. Lo mismo sucede con los adornos que suelen llevar los sarapes pues trenzas, líneas o grecas sencillas resultan las más aceptadas entre los charros y algunos motivos como herraduritas o cabezas de caballos se ven bien, pues en ocasiones se llegan a exagerar los adornos que lo único que hacen es quitarle elegancia y buen gusto a esta prenda.

El sarape o jorongo es prenda indispensable para el hombre de campo y más aún para el charro, pues además de ser cobertor excelente contra el frío, también lo llega a ser contra el agua pues la lana gruesa hace resbalar las gotas de lluvia, y por otro lado proporciona sombra suficiente en los días de fuerte sol; ya lo dice otro dicho charro:

'Aunque el sol queme como brasa...
nunca olvides tu sarape'

En las faenas a pie o a caballo es muy útil pues sirve como defensa cuando hay la necesidad de torear algún animal embravecido que embiste contra uno mismo o contra otra persona. Aún llega a tener uso como defensa personal pues bien enrollado en el brazo izquierdo - o aún suelto - y el machete o el cuchillo en la mano derecha, está uno en condiciones de defenderse mejor en algún pleito con arma blanca. Yo no lo sabía, pero vi que a los gauchos argentinos les era de gran utilidad su poncho (sarape que usan allá) para defenderse de las boleadoras que otros gauchos arrojaban contra sus caballos.

Sarape enrollado en la montura El sarape o jorongo cuando no se lleva puesto al cuerpo, va colocado en la montura amarrado con los tientos saraperos justo atrás de la teja y quedan estos amarres con nudos bonitos o con amarres dobles pero a la vez rápidos de desatar. El sarape se enrolla y se dobla para colocarse en la montura de tal forma que los flecos queden colgando hacia el lado de montar, es decir hacia el lado izquierdo, como medida de seguridad para evitar que se puedan atorar dichos flecos con la espuela al desmontar.

Muy en contra de la auténtica tradición campirana y en contra también de las ventajas reales que da un auténtico sarape charro, ha venido a abundar entre muchos jinetes el uso de sarapes que no tienen nada de charro, pues además de ser en extremo pequeños en sus dimensiones, se suelen 'adornar' con alguna marca comercial. Estos pequeños sarapes no sirven para protegerse bien en caso de frío o de lluvia pues he visto que llegan a cubrir únicamente hasta media espalda del jinete en el mejor de los casos; sin duda resultarían inútiles en caso de tener que hacer el quite ante un toro bravo y ni qué decir del caso de tener la necesidad de emplearlos como defensa contra un ataque de arma blanca. No sé por qué se han dado en usar estos sarapes tan cortitos y feos pero cualquier jinete que conozca el mínimo de las andanzas que se dan en el campo con animales cerriles estará de acuerdo en que son indudablemente mejores los auténticos sarapes charros que aquellos diminutos sarapes que sólo sirven para cumplir el requisito de traerlo colocado en la montura y evitar ser descalificado en una competencia charra por la falta de él.

Sobre este punto de la utilidad de un verdadero sarape charro y la preservación de su lugar en nuestra tradición creo que no me equivoco al descalificar los sarapes pequeños que en la actualidad usan muchos de nuestros charros, pues he encontrado que en otras equitaciones del mundo como lo son los llaneros de Colombia y Venezuela y los gauchos de Argentina, Uruguay y Brasil también lo usan, aunque con diferentes nombres, pero con las mismas ventajas que lo usan los charros mexicanos que conocen sus bondades ya sea andando por el campo, en fiestas y aún charreando.

Así pues, bien harían las autoridades de la Federación Mexicana de Charrería en exigirnos a los charros que no se desvirtúe el empleo de tan mexicana prenda.










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